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Soy feminista y tengo 6 barbies en casa

Yo no tuve ningún bebé de juguete
De pequeña nunca tuve una muñeca. Algún peluche, puede ser, y diría que Shena y su caballo alado (pero que se trataba de una súper heroína). Pero aquí se acaba todo. El cuidado de bebés la experimenté por primera vez con mis primos pequeños y mis propios hijos, pero el mundo Nenuco o Barbie no ha llegado a mi casa hasta que mi hija así lo ha pedido. ¿Por qué no jugué de pequeña? Pues, porque sencillamente no me gustaba y punto. Nadie me lo impuso y nadie me hizo ningún discurso al respecto. Sencillamente se respetó lo que yo prefería. Eso sí, recuerdo un año que los reyes le trajeron un Scalextric a mi primo y en cambio, a mí, me trajeron un maletín de joyas de plástico rosa que no me gustó nada y que causó en mí una reacción de rechazo y decepción que todavía hoy recuerdo.

Unas décadas después, siendo yo madre (de niño y niña) resulta que en casa tenemos más de 5 bebés (de varios tamaños y capacidades varias: que lloran, que abren y cierran los ojos, que tienen chupete, con pelo, sin … ), unas 6 barbies (entre ellas una de los años 70, una de los 80 -ambas de segunda mano-, una blancanieves, una Elsa de Frozen, la Lady Bug y el Catnoir y Barbie capitana de barco…) No hablo de los más de 30 peluches del hermano mayor (sí, un niño que juega al juego simbólico de cuidar). En fin, que en casa vivimos unos cuantos con sus complementos, claro: ropa, bolsos, casitas e incluso autocaravana con piscina y tobogán incluido. Si me lo hubieran dicho hace unos años que tendríamos todo esto en casa no me lo creería porque juguetes como la Barbie representan, para mí, valores que no quisiera que mis hijos asumieran como propios y cotidianos: sólo pueden jugar niñas, son de color rosa (el color de las niñas), son perfectos (una ventaja de tener tantas es que ves la evolución: ojos que crecen, cinturas que se estrechan, pechos que aumentan, ropa que se sofistica e incluso nuevos modelos de la Barbie entomóloga y científica) y hacen cosas de chicas: hablar, asearse, cocinar, tomar café, peinarse, vestirse y desvestirse, etc.


Recapitulando. Hola, soy Ana, me declaro feminista, no me gusta el rosa y rechazo el modelo de juguetes dirigido a un género en concreto … pero a mi hija le gusta el rosa (aunque ahora dice que prefiere el negro, estará creciendo tal vez) y le encanta cuidar bebés de juguete y vestir y desvestir barbies. Y yo, como madre, sin potenciar este aspecto, respeto su elección, la acompaño, juego con ella e intento que un juego que hasta ahora he rechazado se convierta en una oportunidad para entender a mi hija, una oportunidad para que mi hijo también juegue sin sentir que es cosa de niñas (hemos vestido todos sus peluches con ropa de bebés y están la mar de divertidos) y, en definitiva, una oportunidad para asumir que la mejor manera de educar a mis hijos es acompañarlos en sus elecciones, sin imponerlas ni juzgarlas constantemente.

De hecho, desde que tengo una hija que le gusta el rosa he hecho las paces con este color. También creo que muchas veces renegamos de ciertos aspectos por el significado que les hemos dado pero que nos guste el rosa no quiere decir que seamos cursis o machistas. De hecho, en casa, lo estamos reivindicando. Porque del mismo modo que no existen juguetes de chico o de chica (aunque el marketing de muchas marcas de juguetes aprovechen esto para vender más), tampoco existen colores de chicos y de chicas (aunque el rosa es complicado de incluir en el armario masculino).

Empatizamos y acompañamos, pero seguimos cuestionando
Necesitamos categorizarlo todo para sentirnos más seguros, pero no tiene sentido hacerlo si eso nos obliga a renunciar a lo que realmente queremos. Naturalmente, aunque respete la libertad de elección de mis hijos, también les seguiré acompañando en el momento de elegir, para ayudarles a elegir y, en algunos casos, reivindicando un posicionamiento también relacionado con la calidad del juguete en cuestión, de los valores que representa o incluso de las pocas opciones que ofrece el producto en sí. Y no dejaré que mis hijos piensen que lo que es creativo y relacionado con tecnología, es para él; y que lo que es bonito, relacionado con los cuidados y con estar más bonita que nadie, es para ella. Y tampoco dejaré de cuestionar ciertos valores y roles instaurados en el sistema que hacen que mi hija se sienta atraída por los cuidados y la belleza, mientras mi hijo aprende robótica y no se preocupa por su aspecto. Sí, los acompañaré y respetaré, pero sin dejar de intentar dejar cierta huella sobre una sociedad que todavía discrimina por colores y sexos.

Porque aunque parezca mentira, aún hoy hay iniciativas que promueven que algunos juguetes se vinculen directamente con un género concreto. Es el caso de Vidreres (pueblo de Gerona), dónde el Ayuntamiento regaló, en ocasión de la celebración de los Reyes Magos, una bolsa de princesas para las niñas, y un estuche de coches y un objeto para hacer burbujas de Spiderman para los niños. Tenías que decir si era niño o niña para recibir el juguete, en lugar de proponer los juguetes y que cada niño o niña eligiera. ¡Aún hoy esto pasa! De hecho, ¿cuántas tiendas de ropa online (tanto de adultos como de pequeños) te proponen la ropa clasificada por género en lugar de hacerlo por tipo de ropa?

Iniciativas que reivindican el juego libre y sin estereotipos
Abacus cooperativa, en su última campaña de Navidad, ‘Jugar a canviar el món’, reivindica el derecho de las niñas y los niños a jugar de forma libre, sin estereotipos y de forma inclusiva. En definitiva, y como dice esta acertada y mediática campaña de la vocalía de género de la Associació de Famílies d’Alumnes de l’escola Fructuós Gelabert (Barcelona): los juguetes son de quien los juega y no de un género concreto. A partir de aquí, respetemos lo que quieren nuestros hijos, acompañémosles en su elección y, sobre todo, ¡juguemos con ellos y ellas!

 

*Artículo publicado en catalán en Laconca51.cat

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