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Cuando la comunicación ambiental deje de ser aburrida

Huella ambiental, sostenibilidad, resiliencia, transición energética, estrategia ambiental, consumo consciente, cambio climático, prevención de residuos, contaminación atmosférica, movilidad sostenible, economía circular, etc. Sinceramente, ¿a partir de qué palabra has desconectado? ¿Cuántas entiendes realmente lo que significan? ¿Te sientes interpelado con alguna de ellas? Si tus respuestas son ‘desde la segunda, pocas y con ninguna’, es que formas parte de la mayoría de la ciudadanía. Sí, concienciada y crítica pero que no pasa a la acción al oir palabras como éstas. Pero las palabras son éstas y no otras. Son éstas las que explican dónde estamos y dónde tenemos que ir y es necesario que las entendamos y conozcamos. Por esa razón, las que nos dedicamos a la comunicación ambiental las repetimos una y otra vez en artículos, charlas y proyectos diversos.

La rigurosidad es clave en los mensajes ambientales. No podemos decir cualquier cosa para acabar diciendo nada. Hay que hablar con propiedad y sería ideal que la ciudadanía respondiera ante términos como estos porque los entiende, porque ha crecido con ellos y se les cree. Pero resulta que todavía no estamos en este punto, aunque aprovecho este momento para reivindicar la importancia de la educación ambiental, que haga que poco a poco todo el mundo tenga una base común en cuanto a cultura de sostenibilidad. Pero mientras esto no ocurra hay que conseguir llegar al consumidor, usuario, urbanita, agente rural, educador, familias, empresarios, fabricantes, etc. ¿Cómo hacerlo sin que desconecten desde el primer minuto?

En Inglaterra, concretamente en el pueblo de Todmorten, todo es comestible, es decir, han decidido cultivar el máximo espacio público posible con ayuda de todos. Y lo que crece en este espacio cultivado público es accesible para toda la ciudadanía. Su proyecto se llama Incredible Edible. Una de sus vocales, Mary Clear, entre otras voluntarias, nos explica por qué este proyecto funciona. No es un proyecto que surja desde las administraciones sino que lo hace desde la ciudadanía. Un grupo de gente coincide en una necesidad, quiere sentirse parte de una comunidad y tiene ganas de compartir una inquietud común: las ganas de ayudar al otro y de ser increíbles colectivamente. Y como bien dice Mary en este video (concretamente a partir del minuto 2, aunque vale la pena verlo entero), la gente está cansada de oir hablar de estrategia, de huella de carbono o de las promesas electorales. Lo que quiere la gente es sentirse especial y pasar a la acción. ¡Y en el caso de Todmorten decidieron que querían ser ‘increíbles’! Y de ahí su nombre.

Imagen de elaboración propia a partir de los principales mensajes es este artículo.

Todo el mundo entiende lo que significa ser increíble y todo el mundo quiere serlo, ¿no es así? Aquí hay una conexión directa, una interpelación emotiva e incentivadora. No se necesitan tecnicismos para explicar un proyecto como este, aunque incorpore muchos. Lo que es importante es que la gente se quiera implicar más allá de sus ventajas ambientales, sociales y económicas.

Por lo tanto, ¿qué hacer para conseguir que la gente impulse o participe en proyectos ambientales? Generar espacios y herramientas para que estos proyectos nazcan de ellos y no al revés. Al final, la administración y los comunicadores lo que tenemos que hacer es acompañar estos procesos y comunicarlos para hacerlos llegar a otros potenciales impulsores, pero nuestro papel debe ser más pasivo, observador y potenciador que no creador. Ahora mismo esto no es así porque cuesta que la gente se motive y autorganie, aunque cada vez hay más personas que lo hacen. Se trata, como siempre, de un cambio cultural que tiene que venir de la base y que no será inmediato. Pero cuando la ciudadanía se autogestione cada vez más y viva y experimente los efectos positivos que hacerlo puede tener sobre sus vidas, este fenómeno será imparable.

Pero de nuevo estamos en un momento de cambios que hay que salvar. Hay que seguir comunicando ya que la propia comunicación puede provocar este cambio cultural. Insisto, pues, en la pregunta: ¿cómo comunicar para que haya una reacción última, un resultado, un cambio? Pues, comunicar desde la experiencia, la esperanza, la empatía, la emoción, el sentido del humor y la rigurosidad. Analizamos cada una de estas palabras ‘no aburridas’ (menos la última, pero la tenía que incluir):

  • Experiencia: Cuando comunicamos desde lo que entendemos porque lo hemos vivido, el interlocutor no sólo conecta mucho más sino que entiende de primera mano lo que cuentas. No es lo mismo decir que la copa menstrual es muy sostenible que decir que tu copa menstrual te ha hecho sentir empoderada y más cíclica que nunca. Las personas amamos las historias, las anécdotas y nos gusta sentir como otro se abre en canal y comparte lo que siente. Por lo tanto, para empezar, todo lo que puedas contar desde tu propia vivencia llegará mucho más y, además, tú te sentirás de maravilla.
  • Esperanza: Uno de los aspectos que más se han explotado en la comunicación ambiental han sido el catastrofismo y la culpabilidad. Pero resulta que el mundo ya está lleno de malas noticias, nuestro día a día es difícil y nos sentimos culpables por tantas cosas que la mala conciencia ambiental ya no tiene cabida. Por lo tanto, todo lo que se comunique desde el optimismo, desde la oportunidad de cambiar y mejorar y desde la esperanza de vivir mejor, será recibido con los brazos abiertos y con una mayor predisposición a asumir retos diarios, que son los que conducen a cambios realmente globales.
  • Empatía: No funciona comunicar desde el dogmatismo. ¿Quiénes somos nosotros para decir lo que está bien o mal? Hay que comunicar desde la comprensión y el relato adaptado. No existe un relato único que lo explique todo. Lo que se explica desde la posición inmovilista y extrema, no sólo no llega a nadie, sino que desmotiva y genera una reacción contraria a la deseada. Por ejemplo, siguiendo con la copa menstrual, no diremos: ‘esta es la única y mejor opción’; sino que diremos ‘cada una debe valorar la opción que mejor le sienta y es muy probable que tu opción final no sea como la mía, pero debes conocer todas las alternativas para poder elegir mejor’. En este caso, ofreces ayuda, explicas y empatizar con quien te escucha, porque eres consciente de que los cambios de hábitos no son fáciles y que la mejor manera de alcanzarlos es siendo paciente y comprensiva.
  • Emoción: Todo lo que se comunica desde el corazón, llega mucho más. Escuchar a alguien que se cree lo que dice, que lo dice desde el alma y que cuando lo hace te mira a los ojos y te hace sentir bien, es de agradecer. ¡Y mucho! Por lo tanto, hay que comunicar con ilusión. ¿Quién no recuerda a aquel/lla profesor/a que le contó la historia o las matemáticas de una manera que nunca olvidará porque lo hacía desde la pasión que sentía? El que ama lo que hace lo puede transmitir mejor.
  • Sentido del humor: No nos podemos permitir perder cualquier oportunidad para sonreir y generar un segundo más de serotonina en alguien. El humor es la clave de la vida, para levantarse cada día con el mismo trabajo, pareja, y vida. Si lo que se comunica, que en algunos casos puede ser crítico, se transmite con una sonrisa, como un reto y una llamada de atención en clave cómica, no sólo se recibe mejor sino que se incorpora de manera natural. Aquí no puedo dejar de mencionar las magníficas conferencias de Carles Capdevila sobre ‘Cómo educar con humor’. No deja de hablar de un tema complicado que a muchos nos preocupa, pero no puedes dejar de reir y aprender al mismo tiempo.
  • Rigurosidad: Y no puedo dejar de poner en valor los ‘aburridos’ términos de la transición, huella ecológica, resiliencia, sostenibilidad, economía circular, prevención de residuos, etc. Esta terminología es necesario que la empleemos, que la vayamos difundiendo y que la utilicemos siempre correctamente. Porque cada uno de estos términos tiene un gran significado y no lo podemos menospreciar ni perder. Hay que ponerlos en valor para que un día lleguen a formar parte del lenguaje coloquial y dejen de sonar ‘aburridas’.

Así pues, no existe una única fórmula para comunicar la sostenibilidad de una manera 100% efectiva. Pero si lo hacemos desde el convencimiento, la emoción, la experiencia y el conocimiento, acabará arraigando y creciendo. Mientras, construyamos una sociedad empoderada y cohesionada. A partir de aquí, nos tocará comunicar lo que ya pasa y no lo que quisiéramos que pasara. La comunicación ambiental vendrá sola y funcionará.

 

* Conclusiones extraídas de un taller diseñado y dinamizado para la Diputación de Barcelona. Más información del taller aquí.

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