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‘The handsmaid’s tale’, una serie sobre un futuro más sostenible, machista y despótico

The handsmaid’s tale es una de las series feministas del momento, según este recopilatorio de Sentit Crític que no tiene pérdida. Borgen, Big little lies, The good wife, The good figth… son otros que también he visto o estoy viendo y que me están despertando un sentimiento de respeto y orgullo de género. Se llama sororidad. Y no puedo evitar preguntarme constantemente cómo puede ser que en algún momento se nos haya considerado el sexo débil. Es preocupante que durante tantos años y aún ahora la mujer sea un cero a la izquierda, despreciada, discriminada y, aunque parezca imposible, maltratada y assatjada sexualmente.

Mi madre siempre me dice que hace 30-40 años, cuando luchaba activamente en los movimientos feministas, no se podía imaginar que actualmente todavía estaríamos como estamos. Sí, hemos ganado muchos derechos y ahora, ser machista, está mal visto. Pero los micromachismos y la discriminación por género todavía están arraigados en nuestra cultura y sociedad.

Series como las que he mencionado antes, invitan a empatizar del todo con todas estas problemáticas (más o menos evidentes) en un formato ameno y popular. Cada serie es un mundo, pero como Handsmaid s tale, pocas. Está basada en la novela de 1985 El cuento de la criada de Margaret Atwood, y no es la primera vez que ha sido llevada a la pantalla. Este post no será un spoiler. Si aún no habéis o estáis viendo esta serie (ahora se está emitiendo la segunda temporada a ritmo americano) no os diré nada que os adelante momentos sorprendentes (que hay unos cuantos). Bueno, más que sorprendentes, diría incómodos. Precisamente, quiero evitar que dejéis de ver esta serie porque hacerlo puede ayudarnos a avanzar hacia un cambio cultural. Pero sí que aviso: lo pasaréis fatal, el nudo en la garganta será habitual y os indignaríes tanto. Muchas pensaréis: ¡qué ganas! ¡Yo he avisado! Pero también aviso que es una de las mejores series que he visto.

Se trata de un futuro distópico (hasta aquí, ninguna novedad), en el que la fecundidad baja mucho (esto ya ocurre) ya que pocas mujeres pueden tener hijos (esto aún no sucede, pero sí que es verdad que cada vez hay más parejas que tienen problemas para quedarse embarazadas). Se deja entrever que esta ‘enfermedad’ se debe a una sociedad que ha dañado el entorno. Una sociedad sin valores, insostenible a nivel ambiental, individualista … Más o menos se podría decir que ahora ya estamos aquí. Y entonces, alguien da un golpe sobre la mesa (y sorprende que también lo hacen las mujeres) y decide parar esta tendencia, volver atrás y consumir sólo productos locales y hacerlo de manera menos masiva (por ejemplo, todo el mundo viste igual y tiene un par o tres de mudas sólo), vivir de manera sencilla sin resultar pretencioso o querer ser más que el resto (las mujeres no usan maquillaje o muestran pierna o escote, las casas son grandes pero monacales y oscuras, etc.) En este nuevo ‘mundo’, no se oye música, los sonrisas son escasas pero la comida es ecológico, se vive a cámara lenta … Controlar las emociones y no dar margen al sentido crítico y el cuestionamiento del poder resulta ser la única manera de mejorar como sociedad y de hacer posible un desarrollo sostenible. ¿Cómo? Decir lo que piensas, está penado, incluso con la muerte. No aceptar el lugar que te ha tocado ocupar, sea criada o mujer sumisa, te puede hacer acabar colgada de una soga en cualquier árbol cercano a una carretera principal. Esto ya ocurre en algunas sociedades actuales … ¡pero en esta serie ocurre en Estados Unidos, una sociedad aparentemente moderna y vanguardista! Algunos han conseguido escapar a Canadá pero quien se ha quedado ha acabado sometido/a a una dictadura asesina y discriminatoria.

Bueno, aún hay más. En este nuevo ‘mundo’ hay familias más poderosas que controlan al resto. Los hombres son comandantes y sus mujeres, antes escriptories, periodistas, abogadas, bailarinas, profesoras, etc .; ahora son mujeres sumisas, obedientes, afables y con un único objetivo: poder tener un hijo o hija. Pero, como no pueden tener uno propio, cuentan con mujeres ‘sí’ fértiles (muy pocas y, por tanto, preciadísimas, la nueva ‘moneda’) que se convierten en una ‘matriz portátil y de alquiler’. Estas mujeres fértiles han sido separadas de sus familias y, vestidas de rojo y tapadas hasta los tobillos, pálidas y tristes; se han convertido en un electrodoméstico más. Su función es quedarse embarazadas y parir un bebé que nunca será suyo. Y aquí nos acercamos a los momentos más duros de la serie: la ceremonia de la fecundación en el periodo fértil. Se trata de una violación, sin matices. Uffff … ¡terrible! No hablaré de la religión, que de nuevo aparece para nublar la mente y controlar la capacidad de pensar y luchar de las personas.

Las mujeres se miran de lado (mientras compran fruta ecológica y local con bolsas de tela, el plástico no es bienvenido), se reconocen la una a la otra, empatizan con el sufrimiento de la otra … La maternidad se convierte en un elemento también clave de la serie. Y, aunque pueda parecer imposible incluso existen momentos de comprensión y apoyo entre las mujeres sumisas y las mujeres ‘criadas reproductoras’.

Pero, ¿cómo se ha podido llegar a un extremo así? Y es que la transición hacia esta sociedad ‘malvada’ no se aleja mucho a nuestra situación actual. Realidades que nunca hubiéramos aceptado, poco a poco se instauran hasta que se convierten en normales. Debemos estar atentas, apoyarnos entre nosotras y no permitir que el mensaje de recuperar una sociedad en valores sociales y ambientales pierda una visión de género necesaria para todas y todos.

 

 

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