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Muchos hijos, un mono y un castillo: una ruina encantadora

Tener 6 hijos ya es digno de un documental. Tener un castillo, además, ya suena descabellado y casi absurdo. Pero haber tenido también un mono, ¡ya es para Goya! Muchos hijos, un mono y un castillo de Gustavo Salmerón es un documental catalogado también como comedia absurda que explica como Julita Salmerón, la madre del director (también actor), ha cumplido todos sus sueños: tener una familia más que numerosa, un mono y un castillo. Pero, tras la crisis económica sufre sus efectos, sin dinero para poder mantener el imponente inmueble. Julita asume la situación y a base de iniciativa y tacto logra mantener a la familia a flote.

 

No haré un spoiler del documental. Eso sí, recomiendo ir a verlo. Las risas están aseguradas. En este post sólo quería fijarme en uno de los aspectos destacados del film: el materialismo. Pero no el materialismo desde su punto de vista más frívolo, sino desde el más emocional. Y es que Julita es un amor. Y se enamora de todo lo que le rodea, de todo todo. Y eso puede acabar siendo un problema. Y en su caso, lo es. Un castillo lleno hasta los topes dónde no cabe ni un alfiler y dónde cada caja tiene un cartel descriptivo del tipo: ‘Gorritos de Navidad’, ‘Dientes de mis hijos’, ‘Agujas de tejer’, ‘Vértebras de mi abuela’, ‘Retales bajos pantalones’, etc. Y no olvidemos que se trata de un castillo: armaduras, cuadros de 3 x 3, muebles gigantes, cortinas de terciopelo, etc. En fin, me pongo nerviosa sólo de pensarlo. Imaginad una mudanza del castillo. Ahora ya empieza la taquicardia. Decidir qué te quedas y qué no. Inventariar un castillo lleno de recuerdos de alguien que teme perderlos si se desprende de sus cosas. Eso me sorprendió mucho del documental, más allá de su gran humanidad, naturalidad y sentido del humor superlativo.

Y es que tener cosas no implica tener ni retener más. Yo creo que todo lo contrario. Como dice Jorge Drexler en una canción ‘uno sólo conserva lo que no amarra’. Y es una gran verdad para mi. Y los recuerdos está claro que se imprimen en muchos objetos que queremos conservar pero, como todo, llevado al extremo se convierte en una enfermedad (Diógenes) y en un gran problema (espacio, gastos, gestión, mantenimiento). Así que tener un castillo, que era uno de sus deseos de pequeña, pasa de ser un lujo a ser una ruina. Julita hace un gran ejercicio de aceptación, porque como me comenta a menudo una amiga: ‘Lo que resiste, persiste. Lo que se acepta, se transforma’. Julita tiene claro que está en un lío, pero en lugar de hundirse, reúne a sus 6 hijos e hijas y les pide que la ayuden. Ellos y ellas lo hacen encantados/as y más unidos que nunca. No están deacuerdo en todo pero sí creo que saben que su madre es una persona especial cuyo principal sueño, al final, es que sus hijos sean felices.

Ah, para los curiosos, lo del mono, para mi, es lo de menos. Es el condimento frikkie del documental, pero es un detalle más. Un pavo real, gallinas y gallos rockeros, cerdos, cabras, gatos, etc.; son otros de los animales que rodean a Julita y su familia en su día a día. Lo del mono era otro sueño que finalmente no resultó ser tan gratificante; sino que se lo digan al dedo de la protagonista.

En fin. Una familia de 8 personas y de unos 10 animales en un castillo lleno de cosas y con un personaje como Julita que no se quiere desprender de nada es un ‘gran’ ejemplo de cómo más no es más, sino que menos es más. Los objetos nos acompañan y nos recuerdan momentos de nuestra vida, pero no todos. Escojamos bien cuáles para que, así, nos ayuden a vivir mejor y no peor.

Y gracias Julita por compartir tus triunfos y tus fracasos con los demás. El resultado es un documental genial y emocionante, auténtico.

 

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