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Beber agua del grifo: fácil, saludable y sostenible

Somos agua

El agua lo es todo y está en todas partes. Sin ella la vida no sería posible. Pero hay que tener un aspecto claro: el agua pura no existe en la naturaleza. Se impregna de diferentes elementos que se va encontrando en la naturaleza. No es sólo H2O, sino que puede contener todos los elementos solubles y no todos deben ser perjudiciales para la salud. Hay compuestos regulados por la legislación y algunos emergentes que no están regulados y que no se analizan. Por lo tanto, hay que tener presente que el agua es un recurso natural que recircula y su contenido va variando. Naturalmente su calidad deberá adaptarse en función de su uso … o al revés, su uso se deberá adaptar a su calidad.

El agua que consumimos, pues, puede contener algunos elementos contaminados que ha ido captando durante su recorrido, a lo largo de su ciclo ‘vital’. Pero, qué contaminación química se puede encontrar en el agua de consumo? Por un lado, subproductos de la desinfección, volátiles, que también se encuentran en piscinas y pueden respirar. En principio no tienen por qué generar efectos alarmantes sobre la salud. Por otra parte, nitratos, procedentes de la agricultura por el uso de fertilizantes y ganadería intensiva; más perjudiciales y bioacumulables. La presencia de metales y sólidos también es posible, pero, en principio, al agua que sale del grifo estos elementos no deberían estar presentes, o al menos no en unos niveles que nos puedan afectar. Este último aspecto es la clave. ¿Cuáles son los límites adecuados? ¿Los que fija la OMS? ¿Los que recomienda la empresa suministradora del agua?

En todo caso, el motivo de este artículo no es tanto aclarar estos aspectos sino analizar cómo consumimos agua y por qué; así como valorar las alternativas posibles para hacerlo de la manera más saludable y sostenible posible. Y por qué no, de la manera más fácil y cómoda.

 

El estigma del agua del grifo

¿Cuántas veces habéis visto anunciada agua del grifo por la televisión o la radio, o en una revista o cartel publicitario? Si reclamamos una ciudad más verde, con un aire más limpio, con menos coches y más bicicletas… ¿por qué no reclamamos una ciudad con un agua potable de calidad valorada y promocionada? Más aún, si resulta que el agua del grifo es saludable y la podemos beber tranquilos, ¿por qué no nos fiamos de ella? ¿Por qué ese estigma sobre un recurso natural de primera necesidad que nos llega directamente a casa con todas las garantías de uso? Me cuesta creer que detrás de esta percepción negativa del agua del grifo no haya una estrategia de desprestigio que ha permitido que el agua embotellada gane adeptos que no le dan una oportunidad al agua, un bien público al cuál tenemos derecho a acceder de manera segura y saludable.

Abres el grifo y sale agua, agua potable. Eso sí que es un lujo. Agua a granel y directamente en casa. Y a pesar de ello, muchas personas siguen consumiendo agua embotellada. España, según datos del año 2017, es el tercer consumidor europeo de agua embotellada con una media de 60,71 litros por persona y año, y un aumento del 5,4% en el último año. En Barcelona, y según datos de Aigües de Barcelona, un 60,9% de la ciudadanía consume agua embotellada, un 32% agua del grifo y un 18,3% agua filtrada. El 54,3% de las personas que consumen agua embotellada lo hacen por un tema de sabor frente a un 14,4% que lo hace por un tema de calidad. Valores similares en el caso del agua filtrada (un 46,7% frente a un 19,8%, respectivamente). Es decir, nos preocupa más el mal sabor que la calidad del agua, parece ser. Y es que el sabor es importante y nos puede disuadir de beber agua del grifo.

Por otro lado, el marquetingde las aguas minerales ha hecho su trabajo, vendiendo salud, transparencia y confianza. En cambio, visualizar que el agua que sale del grifo, con la que fregamos los platos o nos duchamos o nos lavamos los dientes o incluso tiramos de la cadena, es la misma que podemos beber no acaba de encajar en el imaginario colectivo.

El sabor es un tema clave que ha afectado y sigue afectando a algunas zonas, también a algunos barrios de Barcelona. Pero a nivel de salud el agua del grifo cuenta con todas las garantías, con controles continuados y consultables por zona. Puedes pedir un análisis del agua que bebes, ¿lo sabías?. Y está claro que no en todas partes se puede asegurar la misma calidad. Yo hablo del caso de Barcelona, concretamente del distrito Sants-Montjuïc. Aquí el agua cumple con absolutamente todos los estándares para asegurar su consumo sin perjuicio para nuestra salud. ¿Entonces?

Si lo pensamos, beber agua del grifo es la alternativa más económica (¿cuántas garrafas de agua necesitamos cada semana?), práctica (no hace falta comprar ni cargar el agua) y ecológica (prevenimos la generación de residuos asociados al plástico de garrafas y botellas), y además está a nuestro alcance. Este último aspecto no es trivial porque normalmente relacionamos las acciones más sostenibles con mayor sacrificio y esfuerzo, y en este caso no es así, aunque tengamos más de un grifo en casa por dónde sale este recurso tan básico para la vida. Pero, a pesar de ello, compramos pesadas garrafas de agua. ¿Qué lógica tiene? En este artículo de El Confidencial y según datos de Legambiente se afirma que el agua embotellada tiene un coste medio para las empresas que la ponen en el mercado de 2 euros por cada 1.000 litros, es decir, 0,002 € por litro; mientras que en el supermercado esta agua se vende a unos 50 céntimos de euros el litro. A nosotros, el consumo de agua del grifo nos supone unos costes similares a los de las empresas que venden agua mineral: entre 0,002 y 0,003 € el litro. Conclusión: ¡al comprar agua embotellada pagamos unas 250 veces más de lo que pagaríamos si la consumiéramos del grifo!

En París se ha hecho una campaña para poner en valor el agua de la ciudad. En este vídeo se puede ver cómo se ha hecho y su impacto final. Sus mensajes son ‘París, yo beberé siempre de tu agua’, ‘París se mete en una jarra’, ‘Preservar el agua forma parte de nuestra cultura’, ‘El agua es capital’, etc. En Nueva York, beber agua del grifo está de moda. De hecho, el agua es gratuita en todos los establecimientos y se valora como un valor añadido del servicio que el vaso permanezca siempre lleno durante la comida (o al menos hasta que se paga la propina).

Un poco más cerca, Andalucía, Navarra y Baleares han aprobado una legislación que obliga al servicio gratuito de agua no envasada en establecimientos. Se trata de ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de acceder a agua libre de envases.

 

¿Agua sin metales, microbios, cal y minerales?

El agua de consumo humano distribuida ha de disponer de una garantía sanitaria elevada que asegure la protección de la salud de los consumidores. Esto implica que ha de estar libre de cualquier contaminación que pueda resultar perjudicial para la salud, sea de origen químico o microbiológico. En el caso de Barcelona y según datos de los indicadores de sostenibilidad del año 2016, el grado de cumplimiento de los controles realizados en el agua según los límites establecidos por la normativa es prácticamente del 100% en los cuatro indicadores revisados: la calidad microbiológica, la fisicoquímica, el nivel de desinfección (99,4% en este caso) y la concentración de Trihalometanos (THM). La concentración media de THM es de 43,0 mg / litro, valor inferior al límite permitido (100 g/litro). Es decir, el agua que sale por el grifo en la ciudad de Barcelona es apta para el consumo humano. Y en el caso de mi distrito, Sants-Montjuïc, he podido consultar en la página barriabarri.cat que el agua de mis grifos ha pasado por 72 controles diarios. ¿Qué agua embotellada pasa por estos controles?

Pero también es cierto que según la directiva europea correspondiente, en muchos casos el agua supera los niveles de bromuro y otros elementos que no resultan saludables. El debate y la confusión está servida. Los que potabilizan y distribuyen el agua dicen que la podemos consumir tranquilos; los que venden aparatos de ósmosis,  descalcificadoras y filtros varios dicen que no es seguro y mejor usar sus productos; los que venden agua embotellada añaden al debate que según ellos venden salud y calidad (eso sí, envasada individualmente con plástico). Cada uno emite el mensaje que le interesa pero tratándose de un recurso de primera necesidad como el agua se deberían aclarar y contrastar estas informaciones para que el consumidor entienda las opciones que tiene y las escoja desde el conocimiento y no desde la desconfianza.

La opción de escoger agua embotellada ha estado históricamente relacionada con el mal sabor del agua que sale por el grifo. Pero se trata de mal sabor, no de productos tóxicos. Este sabor ha mejorado y en muchos casos se ha superado con filtros de ósmosis que solucionan este problema pero provocan otros: despilfarro de agua, eliminación de sales minerales del agua, etc.; aunque sean sistemas que se van perfeccionando. Además, en algunos casos puede estar justificada la instalación de un sistema de ósmosis ya que en situaciones concretas sí que se puede dar un exceso de nitratos, de metales pesados, de flúor, de altas concentraciones de sodio, cloruros y otras sales, etc. También puede ser adecuado para personas con algún problema de salud (como problemas renales, hipertensión, tiroides, etc.)

La diferencia entre la ósmosis inversa y las descalcificadoras es lo que extraen del agua uno y otro sistema. En el primer caso se eliminan las sales minerales del agua, entre ellas las que dan mal sabor al agua. Y una descalcificadora lo que hace es quitar la cal que tiene otros beneficios no tan relacionados con su consumo, sino con su uso en los electrodomésticos y en la ducha (la gente con pieles atópicas, por ejemplo, es especialmente sensible a la cal). La cal es uno de los principales motivos de mal funcionamiento de electrodomésticos como el lavavajillas, la lavadora, etc. En estos casos la descalcificadora es una buena opción para alargar la vida útil de estos aparatos pero el precio no es bajo y depende de nuestras prioridades. Eso sí, en algunos lugares la dureza elevada del agua hace que el uso de un descalcificador sea prácticamente imprescindible.

En el caso del aparato de ósmosis (cuyo precio se sitúa entre 800 y hasta 1.200 euros, aproximadamente) el agua que se despilfarra, es decir, que se tira directamente, llega a estar entre un 50% y un 75% del total del agua. Sí, esto está mejorando pero aún se sigue desaprovechando bastante agua aunque los porcentajes se estén ajustando cada vez más. Por otro lado, desmineralizar el agua, que es lo que hace la ósmosis, ¿es saludable? Malgastar agua y retirar de ella las sales minerales nos puede librar de algunos elementos perjudiciales pero también de otros beneficiosos. Escoger no es fácil, de manera que antes de optar por algún sistema hay que informarse y documentarse bien.

Las descalcificadoras de intercambio iónico eliminan la dureza del agua (la cal). Se instalan a la entrada de la instalación de agua. En edificios puede haber equipos comunes para todos los vecinos. La gran ventaja de estas descalcificadoras es que facilitan un agua blanda. Es una ventaja para proteger las instalaciones interiores de tuberías y electrodomésticos (termos, calentadores, lavadoras,…). También da una sensación más agradable en la piel al ducharse y generan un menor gasto de jabón en ducha y lavadora. Resulta una opción sostenible si se tienen en cuenta estos aspectos. Pero su gran desventaja es que empeoran la calidad del agua para beber y cocinar, ya que para eliminar la dureza (iones de calcio y magnesio) estos aparatos introducen sodio en el agua: es decir, eliminan minerales beneficiosos para la salud para introducir sodio que es perjudicial en altas concentraciones.

Mucha gente se instala una descalcificadora y bebe agua pensando que funciona como un “filtro” que va a mejorar la calidad del agua. Pero al introducir exceso de sodio se necesita un sistema de ósmosis inversa para eliminarlo; de manera que la instalación en conjunto es mucho más cara, requiere mayor mantenimiento y el derroche de agua es más alto.

Cada hogar, cada uso y cada usuario tiene sus propias especificidades y no existe una opción única para todos. Llega un momento que se debe decidir entre confort, sostenibilidad, efectividad, presupuesto, y otros no menos importantes como la estética, las particularidades de la vivienda, la presión, las preferencias y salud de los usuarios, etc.

 

Agua sola sin plástico, por favor

Aún recuerdo cuando íbamos a buscar agua mineral directamente a las fuentes naturales, reaprovechando las garrafas, muchas de vidrio, y una vez allí, hacíamos un picnic. Entonces no reclamábamos ningún control sanitario y estábamos tranquilos. E incluso, ir a buscar el agua era una buena excusa para salir de la ciudad y recontactar con la naturaleza. Sólo por eso quizás ya compensaba a nivel de salud. Nuestra percepción al respecto ha cambiado. Ahora somos más exigentes y pedimos conocer mejor aquello que pasa al interior de nuestro cuerpo afectando a su funcionamiento. Eso es bueno. Pero en ese camino de buscar la mejor opción no nos debemos dejar cegar por la publicidad de las compañías privadas de agua, muchos casos empresas de bebidas minerales azucaradas reconvertidas (como es el caso de Coca-Cola).

De hecho, en Estados Unidos han dejado de beber refrescos para beber agua embotellada y ésta ha pasado a superar el consumo de leche o cerveza. Las compañías que venden refrescos son conscientes de que el agua embotellada puede ser más lucrativa y por ello, algunas marcas conocidas como Pepsi priorizan la publicidad de este nuevo producto. Esta marca, por ejemplo, emitió recientemente un anuncio en la Super Bowl de 30 segundos para presentar su nueva marca premiumde agua “LIFEWTR”.

Pero más allá de no querer beber agua envuelta en plástico, resulta que según un estudio hecho por Orb Media y la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia, ‘Synthetic polymer contamination in bottled water’, se ha encontrado plástico el agua embotellada y este proviene del proceso de envasado. De todas maneras no se conocen los riesgos que esto puede tener para la salud. Después de analizar más de 250 botellas de diferentes marcas de nueve países diferentes (el Líbano, la India, la China, Méjico, Brasil, Kenia, Indonesia, Tailandia y los Estados Unidos) se han encontrado restos de polipropileno, nilón y tereftalato de polietileno (PET) en el 93% de los casos.  De hecho, parece ser que muchos de los alimentos que consumimos tienen micropartículas de plástico.

Además, si nos preocupa el impacto ambiental de aquello que consumimos, más allá del impacto que tiene sobre nuestro organismo, resulta que se necesita más agua para fabricar la botella de plástico que el agua que contiene. Un estudio reciente de la Asociación Internacional de Agua Embotellada descubrió que las empresas de las compañías norteamericanas usan 1,39 litros de agua para hacer un litro de las bebidas embotelladas. Y no sólo es un tema de costes de fabricación sino que luego el reciclaje, si es que llega a reciclarse, también sale caro a nivel económico y ambiental.

Entonces, agua del grifo, ¿sí o no, y cómo?
La conclusión a la que llego una vez consultada diversa documentación, experiencias cercanas, consultas directas a empresas y proveedores, etc. es que:

  • La opción más saludable, económica y sostenible es beber agua del grifo.
  • ¿Cómo hacerlo? Pues hay diversas opciones:
    • Beberla sin más, acostumbrándose a su sabor (si tiene mal sabor, no todas las tienen). Eso sí, no cuesta más que una gestión preguntar la calidad del agua de tu barrio para asegurarte de su calidad.
    • Poner algún sistema de filtraje. Pero si el agua del grifo es saludable, ¿por qué poner un filtro? Pues algunas personas siguen desconfiando o bien quieren acceder a un agua que únicamente cuente con los químicos que necesitamos. Por ejemplo, no necesitamos el cloro y sus derivados, que además generan mal olor y sabor final (clave para un consumo continuado en la mayoría de casos). Por otro lado, la empresa que nos suministra el agua puede tener un ‘fallo’ que haga que algunos productos perjudiciales lleguen al agua de poca o bien se puede dar un error en las propias instalaciones interiores (sobrecloraciones por error, episodios puntuales de trihalometanos, obras de reparación de tuberías que pueden introduir un exceso de tierra y otras partícules, etc.). Se trata de ‘por si acasos’ pero añadido al tema del cloro, hace que la opción de filtrar no resulte descabellada.

Los principales sistemas de filtrado comercializados actualmente son la ósmosis, las descalcificadores y los filtros de carbón activo. Hasta el momento, estos últimos son los más económicos y no malgastan el agua; y considerando la buena calidad del agua del grifo, resulta suficiente. Sin embargo, se trata de una decisión personal que cada hogar debe adaptar a sus necesidades personales.

Finalmente, ¿qué opción hemos escogido en casa? Esto lo explicaré en otro post. De momento estamos aún instalando el sistema de filtraje y antes de opinar lo quiero usar. Quería agradecer especialmente a Ernesto Cidad de Agua Ecosocial por su asesoramiento y acompañamiento, porque escoger el agua que bebemos es un tema delicado que afecta directamente nuestra salud y tranquiliza contar con profesionales que te ayuden. Sobre todo conviene no tener prisa, dedicar un tiempo a buscar la opción que mejor se adapta a las necesidades propias y entonces, valorar las alternativas del mercado y llevarlas a la práctica.

 

Artículo completo en catalán publicado en Sostenible.cat

Siguientes artículos relacionados que escribiré en mi blog:

  • ¿Cómo beber agua del grifo en casa?Finalmente, ¿qué opción hemos escogido en casa? ¿Hay vida más allá del agua embotellada, la ósmosis inversa y la descalcificación?
  • ¿Cómo beber agua del grifo en la calle? Opciones para evitar el uso de agua embotellada fuera de casa. ¡Existen, y cada vez son más!

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